El maltrato de
caninos, es algo muy común que todos hemos visto, oído, observado ya sea en
videos, o con la presencia propia con vecinos, familiares, etc.
Que esto sea común no
significa que deje de ser importante, pues muchas personas piensan que porque
son animales que adquirieron, o les regalaron, son objetos y pueden hacer con
ellos lo que se les venga en gana, y tales acciones llegan al abandono y/o la
muerte, que en el primer caso siempre acaba con el segundo.
Mas del 60% de los
perros llegan a vivir el maltrato animal, toda su vida, desde que llegan a su
hogar, encadenándolos, atarlos, no alimentarlos adecuadamente, restringirlos
del agua necesaria, hasta el daño físico y psicológico que ellos reciben.
Muchos personajes
importantes, entre ellos René Descartes, afirmaban que los animales (como los
perros) no tenían sentimientos.
“Negaba el sadismo, y así mismo que los animales tuviesen mente, pero afirmaba
que estos eran maquinas”
Pero nos hace llegar
a una pregunta ¿Cómo esta clase de personas estudiosas pudiesen decir ese tipo
de atrocidades?, que obviamente se pueden descartar con otra pregunta menos
rigurosa.
¿Cómo pues, te puedes
asegurar de que un ser vivo humano siente dolor?, y es muy fácil pues, cuando
un ser vivo humano le pinchamos el brazo, tiende a alejar el brazo, y a gritar
“ay, ó auch” (cualquier tipo de grito), al igual que los animales.
Cuando pinchamos la
pata, o cualquier parte del cuerpo de estos, tienden a alejar la misma, y a
chillar, entonces ¿porqué decir que son maquinas?
En Inglaterra, se
descubrió que los animales no solo sentían el dolor físico, sino que también,
llegaban a sufrir por emociones, como el miedo, ansiedad, estrés, etc.
Generalmente a los
caninos que se les da una omisión de cuidados, y/o acompañada de maltratos
físicos, llegan a tornarse agresivos.
Todos los seres vivos
humanos, y no humanos, compartimos las mismas capacidades de sentir, y poseemos
instintos de sobrevivencia, no queremos ni quisiéramos nunca que nos
encerraran, torturen o hagan sufrir.
Y si seguimos
valorizando nuestra “raza” como superior, o de mayor importancia, no es de
extrañarse que terminemos acabando con nuestra propia especie.
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